La Usura de Banco Estado explicada con manzanitas

La siguiente es una historia real. Seguramente, la historia de miles de familias chilenas. Es mi historia y la de mi mamá.  

Todo sobre mi madre

Mamá tenía 17 años cuando yo nací. Fue criada por sus abuelos paternos, dado que su padre era alcohólico y su madre padeció de demencia tras el parto. Los abuelos eran conservadores, oriundos del sur, dueños de un pequeño negocio de barrio y gente modesta. Una típica familia chilena que no dudó en hacer prevalecer la disciplina cuando mamá no pudo ocultar más su embarazo. Y es que no sólo la edad era inconveniente. Ser madre soltera en 1990 ameritaba apuntar con el dedo. Un año de fuertes cambios políticos liberales en el país y el Mundo entero, aun cuando ello fuera simplemente una cuota de oxigeno a sociedades aun conservadoras. Si bien la democracia se instauraba, la crianza en disciplina, toque de queda y respeto por la ley e instituciones, no iba a cambiar tras un plebiscito.

La niña debió comenzar a trabajar. Debía comenzar a pagar por la comida que consumía. Las fotos que aun se conservan revelan una belleza envidiable, lo que pudiera explicar que sus primeros trabajos hayan sido como reponedora y cajera en el Comercio Minorista de Concepción. Si bien la búsqueda laboral pudo no haber sido tortuosa, si lo eran las pagas. Los sueldos simplemente no daban para vivir dignamente. Aun así Mamá no sabía de Tribunales de Familia, ni pensiones alimenticias. Quizás aun sabiéndolo, no habría recurrido a ellas. Mamá trataba de no molestar, aun cuando su salario lo sugiriera. En lo que único que sí se atrevió a molestar, ya por extrema necesidad, fue por mi custodia diaria. Alguien debía cuidarme mientras ella ganaba nuestro pan.

Fue una silla musical de cuidadores. Mis bisabuelos, una tía abuela y la “Linda”. Era linda la “Linda”. Aun así, llegó un punto en que Mamá decidió dejar de trabajar para no “encargarme” más a terceros. Fue cuando decidió arrendar una modesta pieza e iniciar una vida de dos. Todo se complicaba, puesto que la pensión extrajudicial de Papá ahora constituía el único ingreso de la naciente familia y debía solventar la vida de ambos. Una decisión que no cayó bien en un circulo especifico, toda vez que la idea era que ese presupuesto se destinara completamente a mi. Así fue que Mamá, fracasada y resignada, volvió conmigo a casa de sus abuelos. 

LA DECISIÓN MÁS DIFICIL

Dicen que era un bebé muy enfermizo. Otra inconveniencia más para lamentar. Tras el intento fallido de emancipación, poco a poco se acumulaban razones para sugerir una idea tétrica, pero no menos realista: “Matías no está bien contigo“.

La negación de madre no pudo más contra las presiones. La idea de consenso era que yo estaría mejor con el cuidado permanente de mis abuelos paternos, quienes ya me habían cuidado mientras Mamá trabajaba. Pero esto era distinto. La propuesta era que Mamá dejara de vivir conmigo. Ella sostiene que no quería entregarme y fracasar. No obstante, el altruismo pudo más. Mamá optó por creer en la promesa de que, tras su abandono, su hijo tendría un mejor pasar.

Dicen que fue un 19 de mayo. Un día antes del cumpleaños de mi abuelo. Mamá me entregó a mis 2 años y 11 meses de vida. Con mi ropa apilada en bolsones de feria, la necesidad fue superior a la vigencia de un vinculo sagrado y natural entre dos personas. Bajo una incesante lluvia, Mamá materializaba la decisión más difícil de su vida: separarse de su hijo.

Los días y la lluvia pasaron. La pena de Mamá, jamás.

Operación “Casa Propia”

Mamá siguió trabajando y aprendió a convivir con su pena. De vez en cuando me visitaba, pero ciñéndose a incomprensibles reglas. Ella podía venir a visitarme solo si Papá no estaba también de visita en la casa. Papá y su reciente matrimonio no querían problemas. Si Mamá estaba y Papá llegaba, Mamá debía salir por una puerta trasera para no cruzarse con él y su mujer.

Ante dicho contexto, Mamá entendió que quizás podía recuperarme formando un hogar. Durante este periodo conoció a José, quien rápidamente se convertiría en su esposo. Ambos se comprometieron a pasar la vida juntos y formar una familia. El enlace se produjo en 1995 y ese año llegaría mi hermano: Sebastián. Lamentablemente, la obtención de una casa no se materializaría tan rápido como el matrimonio. José poseía un colectivo y Mamá seguía trabajando en el Comercio Minorista, bajo acuerdos de buena fe. Para la banca, ello era sinónimo de desempleo y riesgo.

Pasarían 2 años antes de que finalmente una institución se erigiera como una luz de esperanza para la Mamá que quería formar una familia, recuperar a su hijo y vivir felices por siempre. Una luz que no fue gratuita, pero era la única. Una luz llamada BancoEstado.

EL NEGOCIO DEL SIGLO

El 01 de octubre de 1997 BancoEstado aprobó y otorgó un crédito hipotecario por U.F. 488,2, pagadero en 229 cuotas (dividendos) de UF 4,56. Esto totaliza la suma de UF 1.044, casi 2,14 veces el monto prestado. Y es que la empresa estatal aplicó un 6,5% de interés, más una comisión del 2,5% a la operación de crédito. Sí, leyó bien. 6,5% + UF. Esto en la práctica se traduce en un 9,5% de interés nominal al año, si es que la inflación no superaba la meta de las autoridades. Una de las tasas de interés hipotecarias más altas de la historia.

No había margen para negociar. En el año 1997 la banca era un lujo. No cualquiera tenía chequera o acceso a un cajero automático. ¿CuentaRUT? Ni hablar. BancoEstado era la única opción para muchos chilenos, por lo que las personas no acudían a sus instalaciones para cotizar, sino para rogar.

Recuerdo que Mamá estaba feliz, a pesar de la poca comprensión de los exigentes términos del contrato. ¿Cómo no iba a estarlo? El sueño de recuperar a su hijo estaba cada vez más cerca. Y a esa luz de esperanza se aferró, sin escatimar costos.

¿VOLANTE O MALETA?

La crisis económica de 1999 golpeó a muchos. Entre todos, a colectiveros y trabajadoras del Comercio Minorista. Así, poco a poco José y Mamá se comenzaron a atrasar en los pagos de sus dividendos. Fue así como el matrimonio Opazo-Mercado conoció lo que eran las “reprogramaciones.

Los avisos de embargo eran sucesivos. Recuerdo que Mamá mantenía parte importante de sus muebles y electrodomésticos en casa de sus abuelos, por temor a que un día simplemente desaparecieran. La tristeza de Mamá llegó a su punto máximo cuando a mis 12 años le comuniqué que no me iría a vivir con ella. Mis abuelos eran mis padres. Lo son y siempre lo serán. Me brindaron amor, estabilidad, comodidad y protección. Dado esto, Mamá estaba a punto de fracasar por segunda vez (y quizás, de forma definitiva).

En este ambiente es que en enero de 2003 se produjo el ultimátum de BancoEstado. ¿Reprogramación o embargo? ¿Paga o nos deja la casa? ¿Volante o maleta? Si bien las preguntas planteaban una opción, para efectos prácticas eran retóricas. Todos sabemos que decidirá una persona ante dicha disyuntiva.

José y Mamá firmaron un pagaré en blanco. Con ello se comprometían a pagar la suma que BancoEstado fijara. Dado esto, a la vez firmaron un mandato y renuncia, facultando a BancoEstado a llenar ese pagaré. Así, el matrimonio Opazo-Mercado conservó lo que, hasta ese día, creían que era su casa.   

13 años después…

31.03.10
Tematicas de Gente en el Banco, hoy 31 de Marzo del 2010.
Foto:Nadia Perez/ La Tercera/

Mamá pasó por muchos trabajos antes de optar por trabajar a medio tiempo. Necesitaba momentos para velar por los quehaceres de su hogar y atender debidamente sus deberes religiosos. José se pasó del colectivo a un microbús, trabajo que dejó después de muchos años por las miserables condiciones que lo tenían sufriendo de depresión. Sacrificándose día a día, tras lo del 2003 nunca se volvieron a atrasar en el pago de un dividendo.

2016 se vislumbraba como un año de felicidad. Tras 20 años, en diciembre Mamá y José pagarían el último dividendo de su casa. Sin subsidios, ni periodos de gracia, estaban a punto de sacar adelante una tarea titánicafinalizar un compromiso que los había acompañado durante todo su matrimonio. Sin embargo, la memoria de BancoEstado no era tan frágil como la de ellos.

La notificación fue escueta. A partir de enero de 2017 José y Mamá debían comenzar a pagar la reprogramación firmada en 2003. Una deuda que hasta septiembre de 2016 alcanzaba las UF 413,79, correspondientes a UF 219,12 de 43 dividendos morosos entre 1999 y 2003, que acumularon un interés anual del 4% desde 2003 hasta 2016, y desde enero 2016 hasta 2021 acumularán un interés del 9%. Mamá se atrasó en el pago de 18,7% de los 229 dividendos pactados en 1997. BancoEstado le está cobrando una deuda equivalente al 85% del dinero prestado. Casi la totalidad de lo que prestaron en 1997. Esto significa que, de los 186 dividendos que pagó, Mamá desde 1997 a la fecha solo pagó un 15% de su casa.

La razón de dicha paradoja se explica en el interés implacable. El atraso de UF 219,12 repercutió en intereses por UF 194,6, totalizando así los UF 413,79 de deuda. 

SERNAC Y SUPERINTENDENCIA DE BANCOS

El 13 de junio de 2016 asumí la representación de José para interponer un reclamo ante el Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC). Tras meses de constantes e infructuosas visitas a BancoEstado, decidimos utilizar una vía alternativa y menos permisiva. Creíamos que BancoEstado debía exhibirnos copia del pagaré y mandato, como legitimo derecho de consumidor. El 24 de junio recibimos carta enviada por el banco al SERNAC, en la que da cuenta que todos los antecedentes estaban a disposición de una ejecutiva en la sucursal Concepción.

Tras la respuesta, acudimos a la sucursal de Concepción, en búsqueda de la ejecutiva y los antecedentes. Ella amablemente (de verdad) nos comentó que no poseía los antecedentes. Sin mucho tiempo para reflexionar sobre lo insolito, acudimos nuevamente al SERNAC, para dar cuenta que el banco no nos dio respuesta, incumpliendo con lo señalado en carta al Servicio.

Tras esto, un mes después, el 15 de julio de 2016 el SERNAC derivó nuestro requerimiento a la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF). La respuesta del organismo llegaría 2 meses después, el 13 de septiembre de 2016. En ella, el banco adjunta calendarios de pagos de crédito hipotecario original y reprogramación, sumado a fotocopia de mandato y renuncia. Del pagaré, ni hablar. A su vez, Superintendencia adjuntó carta aclarando que cualquier discrepancia en la operación no podía ser resuelta por ellos, recordando que ante ello cualquier persona puede acudir a los Tribunales de Justicia de forma particular.

Tras una decena de entrevistas con abogados y estudios jurídicos, actualmente seguimos buscando infructuosamente asesoría legal.

el oportunismo de bancoestado

De acuerdo a la Real Academia Española la palabra “usura” significa “ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de algo, especialmente cuando es excesivo”. Amparado en el diccionario, podríamos perfectamente pensar que BancoEstado actuó con usura en esta operación.

La presunta usura de BancoEstado no es de cualquier tipo. En el Crédito con Aval del Estado (CAE) también se aplicaba un interés de 6,5% + UF. El repudio ético y moral debe surgir toda vez que identificamos factores comunes entre los prestamos estudiantiles y el hipotecario de Mamá. ¿Cuáles? Son créditos entregados a gente con escaso dinero. Gente que se endeudó porque no había otra opción. Personas que adquirieron compromisos como única vía hacia el desarrollo. En este caso en particular, un factor adicional: la esperanza de recuperar a un hijo entregado por necesidad material.

BancoEstado nació en 1953 como una empresa estatal orientada a dar soluciones bancarias a quienes eran rechazados por bancos particulares. El “banco del pueblo“. Una labor que, lejos del altruismo y la generosidad, ha significado un gran negocio.

Si algo caracteriza a los “portonazos” o “lanzazos“, es que son hechos delictuales perpetrados cuando las personas están distraídas o débiles. Es una oda al oportunismo humano, toda vez que las posibilidades de frustrar el atraco se reducen casi totalmente. La historia de Mamá nos invita a reflexionar frente a este tipo de oportunismo. Cuando BancoEstado solicita la firma de un pagaré en blanco y un mandato y renuncia para su llenado, no hace más que aprovecharse de las necesidades y vulnerabilidades de las personas. ¿Se da cuenta? El negocio no es prestar plata. El negocio es prestar plata y que Ud. se atrase. Porque solo así Ud. se obligará a pagar los intereses que se acumulen de ese atraso. En el caso de Mamá, 13 años. Así el banco aumentará la utilidad que extrae de cada operación, de cada hipotecario, de cada préstamo otorgado. Es el negocio del fracaso ajeno.

El año 2010 BancoEstado suspendió la recepción de dividendos durante un par de meses, por concepto del terremoto. El objetivo era dar alivio a quienes pudieron haber sido afectados por el desastre, permitiéndoles retomar el pago de sus obligaciones después de un plazo coherente. Con ello, el Banco decidió fraccionar esos dividendos suspendidos y aumentar el valor cuota mensual, para que así las personas pagaran de a poco esos montos. Si Ud. pagaba UF 4 de dividendo, con terremoto pagaría UF 4,1 UF. ¿Por qué BancoEstado no hizo lo mismo con Mamá? Porque ese no es negocio. Es caridad y BancoEstado no es el Hogar de Cristo.

Los cobros por CuentaRUT dan prueba de esto. $300 pesos por cada giro realizado en cajeros automáticos o $600 en sucursales. $100 por cada consulta de saldo. Con todo, ya no serían $7 mil pesos los que CMPC pagará a modo de compensación a los chilenos por sus participaciones en colusiones. BancoEstado anunció que quiere su tajada.    

FANTASMA DE EMBARGO 

El mejor aliado de la extorsión es la paciencia. Con paciencia todos ceden. No importa la ola de reclamos, ya sea al alero de SERNAC o Superintendencia. El objetivo es dilatar cualquier requerimiento. Así pasa el tiempo y las deudas vencen, facilitando avisos de embargo. Las personas trabajan y no pueden pedir permisos semana a semana para tramitar. Ceden.

BancoEstado habló claro. Mamá debe pagar 50 dividendos de UF 8,20 y 1 final de UF 3,73 en 2021. Eso llenaron en el pagaré en blanco que firmó José en 2003 y que hoy es el único documento que sustenta la deuda. Abogados han señalado que eso es suficiente. SERNAC y Superintendencia de Bancos han sostenido que no tienen facultades para intervenir. Mamá debe aceptar las condiciones o perderá su casa. Esto implica comenzar a pagar casi el doble de lo que solía pagar como dividendo. Compromiso que obliga a Mamá a buscar un mejor empleo, reducir su “calidad” de vida o despedirse de su casa. Un final fatídico, probable, pero no definitivo. Y es que tu lectura y difusión quizás puedan hacer lo imposible.     

REFLEXIÓN

Mamá nunca pudo recuperar a su hijo. Sin embargo, el tiempo nos enseñó a reencontrarnos. Nos sonreímos cada vez que nos vemos. Ya no hay puertas traseras. Compartimos a menudo como si fuese el último suspiro. El tiempo perdido del pasado nos ha enseñado a apreciar el que disponemos en el presente y el que podremos disfrutar en el futuro.

En esto estamos juntos. Ella, yo y quizás tú. Porque si compartes esta historia, quizás estarás logrando que muchas historias parecidas encuentren reflejo en esta y dejen por fin el anonimato. Porque estas historias no aparecen en la prensa. No son portadas. No ameritan minutos de un noticiario. Porque, si hablamos de feminismo, aquí tienes una historia de una mujer que tuvo que ceder su dignidad por necesidad y no encontró ayuda, ni estatal ni particular, cuando quiso recuperarla. Así, este relato está dirigido a la infinidad de personas que nos pueden ayudar, desde la Presidenta Michelle Bachelet hasta un ciudadano común y corriente. Como tú. Como yo. Como Mamá. Una ayuda que puede escribir las últimas páginas de una historia que puede terminar con un desenlace triste, alejado de los parámetros éticos y morales de leve justicia que muchos chilenos aspiran a modo de básica compensación por su esfuerzo.

EPÍLOGO

Mamá, quizás deberás pagar 3 veces tu casa. A pesar de todo, recuperaste el amor incondicional de tu hijo. Eso, nada ni nadie, te lo podrá embargar.